Orden de Malta

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Azul
ORDEN DE LOS CABALLEROS HOSPITALARIOS / DE RODAS / DE MALTA O DE SAN JUAN DE JERUSAL�N
La Orden de los Hermanos Hospitalarios o de San Juan de Jerusal�n fue fundada con fines ben�ficos y puramente piadosos, para convertirse despu�s en cuerpo armado, que adquiri� gran fama por las haza�as b�licas en las que particip�. En el 637, los �rabes se extendieron por Palestina, llevando por capit�n al califa Omar. No fueron ni tan intolerantes ni tan crueles como la leyenda los pinta, permitiendo, el califa Omar, a los peregrinos, la entrada en Jerusal�n hasta el punto que, por la relaci�n de un monje llamado Bernardo, del a�o 870, exist�a un hospital para los latinos (este nombre se daba para distinguirlos de los griegos).
Con las Cruzadas y un poderoso Ej�rcito, a las �rdenes de Godofredo de Bouill�n conquist� Jerusal�n. En la ciudad donde Jes�s predic� el amor, aquellos que se dec�an sus seguidores cometieron una horrible matanza. A la vista del Santo Sepulcro, trocado el furor en piedad y horror, depusieron las armas y, consternados, vertieron l�grimas de arrepentimiento. Muchos de los cruzados renunciaron a volver a Europa y partieron su pan con enfermos y peregrinos.
Los or�genes de esta Orden de caballer�a se remontan al a�o 1084, cuando unos mercaderes de la ciudad de Amalfi, en el reino de N�poles, decidieron fundar un hospital para peregrinos junto a la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusal�n bajo la advocaci�n de San Juan Bautista. La proximidad de este templo hizo que la nueva orden recibiera el nombre de Orden de San Juan del Hospital de Jerusal�n.
Tras la conquista de la Ciudad Santa por los cruzados en 1099, el primer Maestre de la orden, Gerardo de Saint-Geniez o Hainaut, de origen franc�s, nacido en la Provenza, a quien los documentos citan indistintamente como fundador y prior, decidi� extender la obra por Palestina, Siria y la propia Europa, salpicando de hospitales la ruta de peregrinaci�n a Tierra Santa. Crey� Gerardo llegado el momento de constituir la comunidad, someti�ndola a regla. Se adopt� la regla de San Agust�n, el negro h�bito y una cruz de pa�o blanco con ocho puntas, las ocho bienaventuranzas.
El Papa Pascual II, les otorg� grandes mercedes en una lula del 1113. Aunque se considera al prior Gerardo mencionado anteriormente como fundador y primer
Maestre de la orden, fallecido �ste le sucedi� Raimundo De Puy, que fue el encargado de redactar su primera constituci�n. A este �ltimo corresponde tambi�n la sustituci�n de la regla agustina por la de los benedictinos. y fue �l quien comprendi� que, en aquellas tierras, la cruz y la espada deb�an marchar juntas y propuso que la Orden,sin dejar el h�bito religioso, no desde�ara empu�ar las armas en defensa de la cristiandad y que fueran, ben�ficos con los amigos e inexorables con los enemigos.
A partir de entonces la orden de San Juan de Jerusal�n qued� convertida en una fuerza militar que intervino continuamente contra los mahometanos. No s�lo eso, sino que, por la codicia de algunos de sus Maestres, emprend�a expediciones de conquista, para apoderarse de tierras y riquezas. Pero la dominaci�n cristiana en Jerusal�n fue ef�mera: el sult�n Saladino, conquist� la ciudad. Ahora bien, Saladino era un hombre culto, generoso y magn�nimo.
Permiti� salir, a cuantos quisieran hacerlo, llev�ndose sus bienes y reserv� a los cristianos el Santo Sepulcro, la libertad de culto y la propiedad del hospital a los Caballeros de San Juan por el tiempo preciso para la curaci�n de los heridos, que se calcul� en un a�o
. Conserv� la Orden de San Juan de Jerusal�n algunas fortalezas en Palestina y junto con los Templarios, continuaron guerreando, dado que las sucesivas Cruzadas fueron un absoluto fracaso.
En 1291, el Sult�n Melec emprendi� una gran ofensiva para arrojar definitivamente a los cristianos. El ej�rcito formado por las �rdenes de San Juan de Jerusal�n y el Temple, combati� fieramente, pero al fin, no qued� m�s remedio que embarcar hacia Chipre. Quedaba Palestina perdida para la Cristiandad.
Reorganizada la Orden, torn� a intentar la reconquista de Palestina e incluso llegaron a tomar Damasco, pero tuvieron que reembarcarse. La Orden deseaba una sede y emprendi� la conquista de la isla de Rodas, lo que consigui� en 1310. Pronto, los componentes de la Orden comenzaron a llamarse Caballeros de Rodas y como la Orden del Temple fue disuelta y su gran Maestre y principales caballeros ejecutados bajo acusaci�n de herej�a, buena parte de sus riquezas fueron a parar a la de San Juan que se convirti� en la m�s rica y opulenta.
En los a�os siguientes los Caballeros de Rodas intervinieron en muchas guerras en Europa u Oriente, pues ya no s�lo constitu�an un Ej�rcito, sino que ten�an escuadra, tomando parte en muchos combates navales. Los turcos decidieron ocupar la isla, y en 1522, se present� una formidable flota con ciento cuarenta mil hombres, mandados por el raj�Mustaf�. Durante seis meses, pelearon contra los invasores, caus�ndoles m�s de cuarenta mil muertos, pero tuvieron que aceptar la oferta del sult�n Solim�n y, el 1 de enero de 1525 salieron de la isla los �ltimos Caballeros de Rodas.
Nuevamente la Orden ten�a que buscar una residencia. El Gran Maestre se dirigi� al emperador Carlos V, solicitando que les cediera una tierra donde fijar su residencia. El emperador les ofreci� la isla de Malta. Se firm� la cesi�n en 1530 y la Orden tom� posesi�n de las islas de Malta, Gozo y Tr�poli. Estas dos �ltimas no permanecieron mucho tiempo en poder de la Orden, puesto que una escuadra otomana mandada por el raj� Dragut se apoder� de ellas, venciendo la resistencia de los escasos defensores. La Orden que ya comenzaba a denominarse como “de Malta”, arm� galeras y no ces� en su lucha contra las naves turcas. Fue una �poca de incesantes combates navales. A�os despu�s, la Orden de Malta particip� en la batalla de Lepanto.
Fue transcurriendo el tiempo y no fueron los turcos quienes expulsaron a los antiguos caballeros de Rodas de la isla de Malta, sino los franceses, una vez que derrocaron la monarqu�a de Luis XVI y establecieron la rep�blica.
El d�a 6 de junio de 1798, fue el �ltimo del poder y la opulencia de la Orden. Nombrado el general Bonaparte jefe de la expedici�n francesa a Egipto, se present� ante Malta, desembarc� a sus soldados y se apoder� de la isla, bien merced al desconcierto entre los defensores, bien, como sospechaban los m�s, por confabulaci�n del Gran Maestre Hompesch con los franceses.
Se firm� la capitulaci�n el 11 del mencionado mes y teniendo en cuenta los pactos que se estipulaban en favor del Gran Maestre, una renta igual a la que perd�a, la seguridad de reservarle todos sus honores y distinciones; raz�n hay para presumir que no se otorgar�an tales mercedes a un vencido, sino por v�a de gratitud o de recompensa.
El gran Maestre Fernando de Hompesch se retir� a Trieste con aquellos que quisieron seguirle, pero habiendo perecido asesinado el a�o 1801, se proclam� protector de la Orden el Papa P�o VII, nombrando Gran Maestre a Ruspoli, el cual estableci� su residencia en Catania, una antigua poblaci�n de Sicilia.
En tanto, los habitantes de Malta, mal avenidos con los franceses, se sublevaron y puestos de acuerdo con las escuadras aliadas de Inglaterra y Portugal, obligaron a capitular a aquellos, someti�ndose al punto a la protecci�n y despu�s al dominio de la Gran Breta�a, puesto que aunque en los preliminares de la paz, firmados en Londres en 1801, se consigui� la devoluci�n de Malta a la Orden, ratific�ndose despu�s en el tratado de Amiens de 1802, y posteriormente en el Congreso de Viena donde se reclam� el cumplimiento de aquella estipulaci�n, qued� sin efecto alguno, Malta fue adjudicada de hecho a Inglaterra. De esta suerte perdieron la posesi�n de Malta los caballeros a quien tanto deb�a la cristiandad.
En 1845 la Orden pod�a considerarse virtualmente disuelta, a medida que en cada pa�s exist�a y se organizaba de distinto modo.
El poder, la riqueza y la soberan�a de la antigua Orden de los Caballeros Hospitalarios, de Rodas, de Malta y San Juan de Jerusal�n han venido a reducirse a una tradici�n gloriosa, a un t�tulo meramente honor�fico que se concede como recompensa de servicios y m�ritosparticularmente, pero sin car�cter alguno religioso y much�simo menos, militar.
Abril 3rd, 2006 at 4:12 pm
Enrique el escudo que has puesto no corresponde a la orden de Malta nuestra, te esplico hay varias ordenes de Malta, nuestro escudo es fondo rojo con la cruz en blanco.
Abril 5th, 2006 at 11:24 pm
Hola Maria.
Espero que este sea el acertado.
Gracias por la puntualizaci�n.